Me río
sin motivo y lloró por cualquier tontería. Confío rápido en las personas, y
después acabo mal. Me ilusiono rápido. Me aguanto las cosas, en vez de
decirlas, hasta reviento. No sé
explicarme, y acabo diciendo “yo me entiendo”, aunque hay personas que solo con verme me entienden. Sé guardar un
secreto, pero no sé mentir. Digo las cosas y después las pienso. Soy sincera
aunque muchas veces me callo, porque pienso que ser sincera no significa
sacarles todos los defectos a las personas y hacerles sentir mal, si no decirle
las cosas por su bien para que intenten cambiar. Prefiero decir las cosas a la
cara, antes que decirlas a las espaldas. Puede que haya personas que no me caigan
muy bien pero las aguanto por personas que me importan. Soy celosa, quizás
demasiado aunque confió en él más que en nadie. Soy una persona a la que se le
puede comer la cabeza fácilmente. Sé perfectamente lo que quiero y a quién
quiero. Doy todo por ver felices a las personas que quiero. Echo de menos a
muchas personas y siempre estaré para ellas,
aunque sé que algunas no se acordarán ni de mí. Cuando quiero a alguien,
le quiero de verdad, aunque quizás por miedo no lo demuestro. Creo que el amor
existe, pero para encontrarlo hay que besar muchos sapos. La paciencia nunca ha
sido mi virtud. No soy de esas que tienen vicio con el chocolate, me va más el
kétchup. No soy orgullosa, y pediré
perdón siempre que haga falta, pero eso sí, lo diré si lo siento de verdad. No
me gusta, ni sé bailar, pero si quieres te puedo cantar, aunque lo haga fatal. Soy
de una persona que no necesita que le digan mil veces te quiero, me conformo
con que me lo digas una vez y que sea de verdad. Tengo cuatro o menos amigas de verdad. Tengo nueve millones novecientos
cincuenta y cuatro mil trescientos
treinta y cinco defectos, pero aun así soy feliz.

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